Eres parte de mi : Un homenaje a el dolor de la perdida
- RISE
- 25 feb
- 4 Min. de lectura

Amor y luto: ecos de un amor eterno
Ha transcurrido el tiempo y, con él, he aprendido a vivir con las heridas. Hoy quiero alzar la voz y expresar algo que me he callado por distintas razones.
El tiempo ha seguido su curso, cada vez más rápido, y aunque las manecillas avanzan de forma constante en el reloj de nuestras vidas, hay un hueco que sigue latente, un vacío que me recuerda que hay una parte de mí que no está. Me recuerda que estoy incompleta y, hoy, por primera vez, me atrevo a alzar un poco el tono de mi voz para compartir aquello que se ha convertido en una tormenta incesante, con la cual he aprendido a vivir. Y como muchas y muchos de ustedes viven con dolores en silencio, esta es mi historia.

Stage 1:Un sueño late dentro de mí
Fui afortunada de verte en mis sueños y de llevarte dentro de mí por un poco más de ocho meses. Fuiste mi primer suspiro y el primer latido que sentí, el amor más deseado y esperado. No hay palabras que describan lo que sentía cuando latías dentro de mí, cuando nadie más que yo era responsable de recordarte cuánto te deseaba y amaba. Cuántas veces conté los minutos y segundos para poder verte… pero el futuro tenía planes distintos para nosotros.

Y, Damian, yo te vi, pero tú no me viste. Tus ojos no se abrieron al llegar.
Cuando te vi, tenías un delicado rostro etéreo, un singular ser de luz. Piel de luna con finas venas azules dibujando caminos sobre tu frágil cuerpo, cabello aterciopelado y oscuro, con una belleza innegable. Tu nariz era el reflejo de la de mi madre.
Fueron solo instantes, un tiempo que se detuvo apenas lo suficiente para que pudiera contemplarte y aferrarme a un recuerdo. Pero esos segundos fueron tan fugaces que la ira me consume al evocarlos.
(Stage 2) Fragmentos de una pesadilla
La negligencia es la principal responsable de que no estés aquí, comenzando por un ser humano inexperto que puso sus manos en mí y, con ello, selló nuestro destino.
Recibí incontables punciones, pues ningún somnífero hacía efecto, pero el despertar fue la peor parte de esta pesadilla. Mi cuerpo se sentía completamente abatido, como si hubiese peleado mil guerras al mismo tiempo. Me sentía fuera de mí, con un vacío insaciable, cuando recién habían sido manipuladas mis entrañas.
No conformes con su terrible trato, quisieron responsabilizar a mi propia familia del estado en el que me encontraba. La pérdida constante de líquido vital debilitaba mis fuerzas, y hubo un momento en el que deseé que todo terminara. Cerrar los ojos y unirme a ti, flotar junto a ti, sonaba como un sueño en medio de tanta angustia. Pero no era mi turno… y aquí estoy.
Me interrogaron constantemente, ya fuera para preguntar por ti o para saber por qué no estabas conmigo, haciéndome sentir como una criminal recluida en una recóndita habitación de hospital, sin poder conciliar el sueño, sin poder controlar el dolor.
Ecos de recuerdos me atormentaban; esos instantes fugaces en los que pude contemplarte fueron arrebatados de mis manos como un golpe cruel. Te esperé tanto, solo para tenerte entre mis brazos por unos minutos antes de que te llevaran a ese cuarto frío y desconocido, donde estarías solo, abandonándonos sin querer.
En mi tormento, cada alma que se cruzó en mi camino perpetuó mi dolor con su indiferencia. Nadie me tendió la mano con amor o empatía. Sus miradas frías me recordaban que, para ellos, yo no era más que otro expediente, otro caso fallido.
El funeral
Darte el último adiós fue un tormento más cruel de lo que jamás imaginé. Había tantas cosas fuera de mi control, pero nada me desgarró tanto como ver cómo profanaban tu imagen, cómo aquella persona encargada de prepararte falló en plasmar tu esencia.
En ese pequeño ataúd no estabas tú, solo una sombra distante, un reflejo distorsionado maquillado, alejado de la belleza que una vez sostuve en mis brazos. La impotencia me consumía; un susurro helado en mi alma me repetía que, incluso en la muerte, te habían arrebatado de mí.
(Stage 3) A casa, pero sin ti
Recibí un golpe de realidad al pisar el umbral de la puerta de nuestro hogar. Estar cara a cara con las escenas de todos los sueños que no fueron y no serán.
Intentaba aceptar el destino, pidiendo en silencio que todo lo que evocara tu recuerdo fuera alejado de mi vista, porque cada pensamiento sobre ti me carcomía lentamente.
Conciliar el sueño se convirtió en un reto constante. Al cerrar los ojos, las pesadillas se volvían latentes, y los días, cada vez más pesados, me arrastraban en una lucha por alcanzar la pronta resignación.
Un comienzo entre sombras y cicatrices
He aprendido a vivir con tu ausencia y con todas las preguntas que esta conlleva. Sin embargo, siempre te he llevado y te llevaré dentro de mí.
A pesar de que este dolor lo he contado desde mi propia carne, no lo viví sola. Aunque una vida latía dentro de mí, esa vida también fue parte de otra persona que te deseaba igual que yo Damián y sufriendo su duelo en silencio, cargando su propia agonía.
¿En qué momento el sufrimiento del hombre se volvió inválido? ¿Por qué el patriarcado insiste en reducir la pérdida a una herida exclusiva de la mujer, como si el dolor de un padre fuera insignificante, como si su llanto no tuviera peso? Me niego a aceptar esa narrativa.
Ambos hemos sido arrastrados a este duelo interminable, pero la sociedad, con su frialdad indiferente, sigue empeñada en mirar solo hacia un lado, ignorando que el sufrimiento no entiende de género.
Sé que este tema es fuente de discusión y opiniones encontradas. Quiero aprovechar para decir que, sea cual sea la razón por la que una mujer toma decisiones sobre su cuerpo, esa decisión es suya. Y yo estoy con ella.
Por último, quiero extender mi gratitud a todas aquellas mujeres que, en estos años, se han tomado el tiempo de acercarse a mí y compartir sus experiencias con situaciones similares a la mía.
Todas recordamos, todas seguimos aquí.
Las quiero, las abrazo y comparto su duelo.
Comments